Así de sorprendente era el sexo en la Edad Media

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Muchos factores sociales e históricos han contribuido al establecimiento de este tabú, pero ninguno ha sido tan fuerte y falso como las religiones. Hagamos un repaso sobre algunas de sus grandes contradicciones sobre el sexo.

El sexo en la Edad Media

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La Edad Media duró diez largos siglos en los que el hombre, en vez de progresar y desarrollarse intelectualmente, involucionó. La realeza y la Iglesia acapararon todo el saber y poder de la época, mientras que el pueblo se contentaba con las migajas.

La vida era corta y de poco valor, mientras que la miseria, los delitos y abusos muy frecuentes. Así, para controlar a un pueblo que sufría se utilizó las mejores herramientas conocidas: el miedo y la ignorancia. Casi como ahora.

Quizás las personas no fueran castigadas en vida, pero existía un infierno eterno y horrible para los pecadores

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A no ser que fueras rico, en cuyo caso siempre podías comprar una bula papal que perdonase todas tus atrocidades.

Este sistema de miedo y condenación también regulaba el sexo, clasificándolo en actos naturales o contra natura, como por ejemplo, la zoofilia, la homosexualidad o la masturbación. El incesto en cambio… no entraba en esta categoría

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Solo estaba aceptado el sexo para procrear y no podía ser divertido. De hecho, la iglesia también condenaba el sexo intercrural -entre los muslos- una manera de disfrutar sin preocuparse por la natalidad.

La única posición sexual permitida era la “natural”, en la que el esposo se extendía sobre su mujer con el único objetivo de procrear

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Eso sí, los clérigos tenían la obligación de conocer todas las posturas para poder imponer castigos…

En todo esto había curiosas excepciones, como con el sexo tras la menopausia que, aunque no podía procrear, estaba bien visto por si Dios decidía obrar milagros. El adulterio, aunque ideal para procrear, era terrible y más grave aún que la masturbación. La impotencia o infertilidad era un buen motivo para invalidar un matrimonio pues, al no poder procrear, la unión no tenía sentido.

La masturbación se consideraba sexo y un desperdicio de la semilla procreadora por lo que también se penaba y regulaba, distinguiendo si se realizaba en soledad o en compañía de otra persona, el sexo del acompañante y si se le tocaba en un “lugar dulce”

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La mujer siempre tiene la culpa de todo

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Como no podía ser de otra manera, la mujer era la gran culpable de todos los males y sus penitencias mayores. Así, mientras un hombre debía cumplir 40 días de penitencia por masturbarse, la mujer debía estar un año a pan y agua siempre que “hubiera usado un instrumento o dispositivo mecánico en forma de miembro viril” y actuado en solitario.

Del adulterio mejor no hablamos, la condenación era eterna y los castigos muy variados según el país

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Según el Derecho Castellano el marido podía matar a los adúlteros o, si así lo quería, para disponer de sus bienes como quisiera. Pero para vengar la afrenta sufrida no podía cobrarse la vida de uno solo y perdonar la del otro; “o los dos o ninguno”, tal recoge el Fuero Real (ca. 1252-1255).

Curiosamente existen algunos registros sobre mujeres que se hacen pasar por hombres para entrar y vivir en monasterios, descubriendo su engaño tras su muerte

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Una variación del tema de las mujeres son hombres incompletos, que pueden lograr completarse y ser venerados a través de la perfección espiritual. Contrario al caso de Juana de Arco, quien fue acusada -entre otras cosas- de atentar contra la feminidad al vestirse de hombre.

La homosexualidad

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La escala de valores y penitencias era un tanto atípica y poco proporcional, tal y como se recoge en el Item de fornicatio de Burcardo de Worms (965-1025):

“¿Has fornicado con un hombre contra las caderas, como hacen ciertos hombres, es decir, has situado tu miembro viril entre las caderas de otro, y por lo tanto producido semen? Si lo has hecho, haz 40 días de penitencia con pan y agua.
¿Has fornicado, como ciertos hombres están en el hábito de hacer, es decir, has tomado el pene de otro en tu mano, y el tuyo en la suya, y por tanto frotado el otro pene en tus manos, y a través de este placer proyectar semen? Si lo has hecho, 30 días de penitencia.
¿Has fornicado como lo hacen los sodomitas, es decir, has insertado tu pene en las nalgas, y por lo tanto tenido sexo (coires) a la manera de los sodomitas? Si tienes una esposa, e hiciste esto una o dos veces, 10 años de penitencia. Si lo has hecho habitualmente 12 años”.

Pero oye, salir al campo de batalla y cargarse a 100 hombres… ¡un padre nuestro y arreglado! El amor entre personas del mismo sexo era mucho peor.

También era terrible entre mujeres, como bien demostrar la ejecución de Katherina Hetzeldorfer en 1477, quien fue condenada por su orientación sexual a morir ahogada en el Rin a su paso por Espira, actual Alemania

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Katherina llegó a Espira dos años antes disfrazada de hombre y con la que decía ser su hermana pero actuaba como esposa. El escándalo saltó cuando al parecer pagó a otras dos mujeres para compartir cama, quienes declararon en el juicio no percatarse de su verdadero sexo, mas sí de un arnés de cuero rojo que usaba para copular…

La hipocresía y el celibato

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La virginidad en cambio era algo muy apreciado, porque representaba la ausencia del pecado original, y por ello la amistad entre célibes, hombres y mujeres, estaba bien visto.

Algo muy curioso, pues es fácil ver que los grabados sobre célibes y sus muestras de amistad son profundamente homoeróticos

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También se daba el caso de que ciertos célibes y sus penitentes cogían demasiada confianza, intimando quizás en exceso como muestra este grabado

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Tampoco importaba que el celibato fuera en contra natura, ya que no permitía procrear y ese era el fin último del hombre

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Aunque esto no es del todo cierto pues se cree que al menos el 30% de ellos vivía en concubinato y muchos tenían hijos…

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Otras religiones

No solo el cristianismo tiene sus contradicciones, la religión islámica también se mostró en el pasado mucho más permisiva que la cristiana o que sus vertientes radicales de hoy día.

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De hecho, el Islam concibe el sexo como un don divino y su práctica no es algo indecoroso; no sólo tiene como fin la procreación, sino que uno es libre también de buscar el placer para conseguir alcanzar la armonía sexual y espiritual.

El árabe tiene más de 50 palabras para definir el amor y sus rasgos, ya sea casto, apasionado, puro, pícaro, lujurioso…

Sin embargo, esto era solo dentro del matrimonio, ya que el adulterio o el sexo en concubinato era (y es) duramente castigado, incluso con la muerte por lapidación.

Llegamos a la primera y más importante contradicción: la norma moral y religiosa, se ignora para adaptarse a la realidad social

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Todo esto hizo que prácticas condenadas por la ley islámica, como la prostitución o las prácticas homosexuales, fueran aceptadas en las sociedades de Oriente Medio desde época medieval. También la figura del concubinato, pudiendo tener varias mujeres en un harem.

La prostitución, aunque condenada por algunos imanes religiosos, siempre fue bien vista por las autoridades, ya que representaba no sólo una constante fuente de ingresos económicos sino también un medio de facilitar la paz social. También se comprendía la zoofilia en ciertos caso de necesidad y no de vicio.

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Con el lesbianismo, por ejemplo, los escritos reconocen la atracción de algunas mujeres por otras, que los médicos árabes atribuían a un picor y el desequilibrio de los humores. Abú Zakeriya (Zacarías) Yahya ibn Masawaih, señala que también existe la preferencia lésbica de por vida y el norteafricano Shihab al-Din Ahmad al-Tifashi (1184-1253) describe el “masaje azafrán” o masaje de placer entre dos mujeres.

“La tradición entre mujeres en el juego del amor necesita que el amante se sitúe arriba y el amado debajo…Así es como actúan: la que debe quedarse debajo yace en su espalda, extiende una pierna y dobla otra mientras se inclina ligeramente al lado, ofreciendo por lo tanto abierta ampliamente su apertura (vagina); mientras tanto, la otra alberga su pierna doblada en su ingle, pone los labios de su vagina entre los labios que le son ofrecidos, y comienza a frotar la vagina de su compañera de arriba y abajo, y abajo y arriba, movimiento que sacude el cuerpo completo.
Esta operación se apoda “el masaje azafrán” porque es así precisamente como uno muele el azafrán en la ropa cuando la tiñe”.

Entre hombres, dependía más de si se tomaba el rol activo o pasivo, pues el sexo en el Islam da importancia a la dominación y virilidad. Sin embargo, y aunque las prácticas fueran pecaminosas, no afectaban al orden social y a nadie importaba lo que se hiciera en la intimidad.

Incluso los hombres afeminados (mujannats), aunque perdían su respetabilidad, eran ampliamente tolerados e incluso en muchas cortes eran muy valorados por sus capacidades artísticas.

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Uno de los poetas árabes más universales, Abu Nuwas, era abiertamente homosexual, y en su libro más famoso, Las mil y una noches, hace numerosas referencias homosexuales con completa naturalidad:

Me parece ¡oh jeque!, que eres de los que prefieren los jovenzuelos a las mujeres”. Mi amigo sonrió, y dijo: “¡Así es!” Ella preguntó: “¿Y por qué? ¡oh jeque!” […] “me concederás, ¡oh mi señora! que nada en la mujer puede compararse a las perfecciones de un joven hermoso, a su talle flexible, a la finura de sus miembros, al conjunto de colores tiernos que hay en sus mejillas, a la gentileza de su sonrisa y al encanto de su voz. Por cierto que para ponernos en guardia contra una cosa tan evidente, nos dice el propio Profeta: ¡No prolonguéis vuestras miradas sobre los mozuelos sin barba, porque tienen ojos más tentadores que los de las huríes”

Lástima que en ciertas cuestiones sobre el sexo y el respeto a los demás, hayamos vuelto atrás, puede que hoy, como en la Edad Media, el ser humano continúe involucionando en ciertos aspectos.

Fuente: difundir.org

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