10 Historias de amor que demuestran que no hay nada más fiel que un perro

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Siempre digo que los perros son los mejores compañeros que el cielo pudo habernos mandado. Probablemente en el mundo no existan animales más fieles al ser humano que los perros. Ellos quieren mucho a sus dueños, les tienen un amor incondicional y están listos para hacer todo por ellos.

Hemos recopilado para ti varias historias sobre la fidelidad de los perros que te emocionarán hasta las lágrimas.

Entré a la tienda por cigarros, salí, me paré para abrir la cajetilla y se me acercó un perro…

Estaba sentada viendo mi cajetilla, saqué un cigarro, le ofrecí olerlo y lo tomó con cuidado y se lo llevó a su dueño sin hogar. Ahora quiero mucho a los perros.

Tengo el hábito de guardar pijamas o ropa para dormir debajo de las almohadas después de hacer la cama…

Mi perro, siendo pequeño, me extrañaba cuando me ausentaba, la robaba y se dormía encima de ella en el pasillo. Cuando creció, dejó de hacerlo. Hoy en día me trasladé a otra ciudad por un trabajo de largo plazo, el perro se quedó a vivir con mis padres y yo vengo los fines de semana. Hace poco tiempo me llamaron mis padres y riendo me contaron que el perro un día metió su cabeza en el cuello de una pijama mía y mis padres al llegar del trabajo, lo encontraron así.

Una noche, en nuestro departamento hubo un incendio…

Afortunadamente, toda mi familia y mi perro alcanzaron salir y yo también. Y luego me di cuenta que faltaba algo: mi tortuga. Se había quedado en el departamento. Miré al perro y él la sostenía en su boca. Así es mi amigo, salvó a nuestro amigo en común.

La delicia favorita de mi perro es la corteza del pan blanco…

Él puede hacer todo lo que necesite por ella. Cuando la obtiene, no la suelta y no se la da a nadie. Me detuvieron en el trabajo, recibí demasiadas órdenes y me cansé mucho. Apenas pude llegar hasta casa. Lo primero que hice tan pronto como entré al departamento fue acostarme y empezar a llorar. De repente mi perro se acercó a mí, me lamió las manos y me golpeó con su nariz. Yo no reaccioné a eso. Se fue y después de unos minutos me trajo su corteza de pan, la puso delante de mí y me miró.

¡Trabajo en una pequeña tienda y uno de los compradores frecuentes es un poodle! Se llama Tim…

Su dueña es una anciana que vive lejos, en un barrio privado y le resulta difícil moverse. Cada vez me sorprende más su ingenio. Entra y se forma al final de la cola, espera con calma. Después me da una bolsa con dinero, una lista y una bolsa de hilo. Espero a que empiece a contar el cambio con una garra.

Adopté a mi perro de un refugio, él pertenecía a la categoría de “los siempre rechazados”…

Es un pinscher pelirrojo con ojos inteligentes, pero no ladraba en absoluto. Si necesita ir a la calle, al baño o comer, me lo pide con tan solo correr de una habitación a otra. Una vez estaba dormida y desde lejos y sordamente escuché el ladrido de un perro, pero no pude abrir los ojos. Después sentí como si todo el peso de este mundo estuviera encima mío. ¡Con gran dificultad me desperté y me di cuenta de que era mi perro ladrando! Había una fuga de gas en la casa y ya no había nada que respirar. Él es mi pequeño salvador.

Pronto se cumplirán tres años desde que a mi mamá le diagnosticaron un sospechoso cáncer…

Pasó por dos operaciones y una larga rehabilitación. En ese entonces tenía 17 años y estaba estudiando en el último grado del bachillerato. Todos se preparaban para los exámenes estatales y la graduación y yo cada tarde la pasaba en el hospital, estaba con ella y estudiaba para los exámenes. Lo superamos, la enfermedad retrocedió y pasé con éxito todos los exámenes. Pero ahora el cáncer lo tiene nuestro perro, que se enfermó después de mi mamá. No se puede hacer nada, tampoco operarlo. Mamá está segura de que él se llevó su enfermedad.

Tengo un dálmata…

Cuando él tenía 7 meses, lo saqué para dar una vuelta. Sin ton ni son empezó a correr hacia algún lado y yo lo seguí. Corrí detrás del jardín y quedé helada: una niña de 6 años pegada a la cerca detrás de mi perro y delante de él había una jauría. Mi perro, enseñanado los dientes, los alejó de la niña. Fue espantoso. Yo agarré un palo e intenté echarlos. La niña llorando corrió hacia mi pierna, y en la otra estaba mi perro temblando. Resultó que los animales corrieron hacia la niña y él la protegió. Nunca más lo volví a ver enseñando sus dientes. Es mi héroe.

Cuando tenía cinco años, salvé a un cachorro del pantano…

Vivió con nosotros durante un mes, pero como mi abuela ya tenía dos perros, se lo regalamos a nuestros vecinos. Después de 6 años ya era un perro fuerte y enfadado. Una vez rompió su cadena. Todo lo que recuerdo son los pies rápidos de mis amigos, yo me quedé pasmada. Pero cuando me vio, disminuyó la velocidad rápidamente. Se acercó despacio, se sentó a mi lado y hundió la cabeza en el estómago. Yo lo acaricié y le dije: “De nada, mi genio de las aguas”. Este fue el más sincero agradecimiento de toda mi vida.

Perdí mi pierna en un accidente hace un año…

El mayor apoyo que tuve e hizo más fácil todo esto fue el de mi perro labrador. Desde entonces, siempre que caminamos, él dobla una pata a la vez, cambiándola periódicamente por otra y camina en tres patas, para que yo no me sienta mal.

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Vía: Genial Gurú

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