Ese niño ya es muy grande para tomar teta ¿Cual es la edad límite?

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En el blog del psicólogo Alberto Soler, se plantea una interesante discusión acerca de cuál es la edad límite para que un niño tome teta y sus posibles efectos psicológicos.

Pocos son los que hoy en día cuestionan los beneficios de la lactancia materna. Pero a pesar de considerarse ya como lo “políticamente correcto”, hay una especie de barrera invisible alrededor del año de edad a partir de la cual “ese niño ya es muy grande para tomar teta”.

Es algo que las madres oyen en boca de familiares, amigos, y lo que es peor, por parte de ciertos profesionales sanitarios. Algunos afirman que dar el pecho por encima de los equis meses (cada uno da una cifra) va a producir traumas en el niño, dependencia, malnutrición, caries, y toda una serie de catástrofes físicas y emocionales. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Hoy voy a dedicar esta nueva Píldora de Psicología a hablar de los efectos psicológicos que puede tener la lactancia materna prolongada. Y voy a hacerlo basándome exclusivamente en la evidencia científica (Video de Alberto Soler):

Muchas ideas acerca de la lactancia materna siguen estando basadas en prejuicios e ideas infundadas, y algunas de las afirmaciones que se hacen desde la psicología se basan en opiniones personales y teorías no contrastadas.

Una creencia muy extendida alrededor de la lactancia prolongada es que produce problemas emocionales, dependencia, o quién sabe qué desviaciones sexuales en los niños amamantados más allá de los primeros meses.

¿Cuándo se considera que un niño ya es muy grande para tomar teta?

Lo que dice la ciencia

Descubramos qué sucede a nivel psicológico y emocional en los niños mayores que toman teta.

Las principales asociaciones científicas nacionales e internacionales recomiendan que la lactancia materna sea el único aporte de alimento hasta los 6 meses de edad, y después complementarla con otros alimentos, al menos hasta los 12-24 meses de edad, pudiendo mantenerla todo el tiempo que madre e hijo deseen.

Algunas de estas asociaciones científicas son: Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, Asociación Española de Pediatría (AEP), American Academy of Pediatrics (AAP), Australian Breastfeeding Association (ABA), Canadian Pediatric Association (CPS), American Association of Family Physicians (AAFP), American Dietetic Association (ADA), o National Association of Pediatric Nurse (NAPNAP), American Public Health Association (APHA).

Ninguna de estas sociedades establecen un límite superior para finalizar la lactancia en sus recomendaciones. Es necesario resaltar que, a lo largo de los siglos, y en prácticamente todos los lugares del mundo, la lactancia materna ha sido algo habitual hasta bien entrados los 2-3 años de edad.

Es a comienzos del siglo pasado cuando, a raíz de la aparición y extensión del uso de los sucedáneos de leche materna y los cambios sociales en los países occidentales, se generaliza el destete prematuro de los bebés.

Si hacemos una revisión de la literatura científica existente, podemos ver cómo no se han constatado riesgos físicos ni psicológicos en niños que toman pecho por encima de los 2-3 años de edad. Contrariamente a la creencia de que la lactancia materna prolongada puede hacer a los niños más dependientes de sus madres, en verdad les hace más seguros y les facilita el desarrollo de habilidades sociales.

¿Cuáles son los beneficios psicológicos de la lactancia materna prolongada?

Según recopila la Asociación Española de Pediatría en esta nota de 2015, algunos de los beneficios a nivel psicológico que tendría la lactancia más allá del año de edad serían:

  • Mayor desarrollo intelectual, que permanece durante años y que incluso puede llevar a alcanzar un mayor nivel de estudios y de ingresos económicos en la vida adulta.
  • Mejor desarrollo emocional y psicosocial del niño.
  • Menos problemas de ajuste social en niños amamantados de forma prolongada y una mejor percepción de relación de apego con los padres en adolescentes (Fergusson et al. 1987, 1999).
  • A mayor duración, se ha descrito una menor incidencia de maltrato infantil.
  • Mejor relación con los padres en la adolescencia
  • Mayor percepción de cuidado
  • Mejor salud mental en la vida adulta

Para más detalles de este artículo y comentarios recomendamos visitar el blog del psicólogo Alberto Soler.

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